Leo - Un gato especial

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Leo apareció el verano 2012 en unos jardines urbanos. Fue imposible cogerlo para castrarlo y se fue de ronda, apareciendo muy esporádicamente. En otoño 2013 volvió en muy malas condiciones, con un trozo de oreja arrancado, la boca torcida, la cola en un ángulo raro y super delgado y... se quedó.

Gracias a eso, de poder alimentarlo cada día y tratarlo con homeopatía, fue mejorando algo su estado genera y nos pudimos plantear a capturar y castrarlo.

 

Pasó la noche antes de su suelta en mi cocina - y sólo entonces me dí cuenta de la verdadera dimensión de su estado:

 

Aparte de todo lo anterior, no controla los esfínteres, y el pánico a la presencia humana, incluso de voces de la calle, apunta a que fue maltratado. Sumando a lo anterior, le faltan prácticamente todos los dientes en la mandíbula inferior y la cola está parcialmente inerte. Una radiografía posterior confirmó cadera, columna y cola con fracturas no muy recientes.

 

Así no podía volver a la calle, pero en casa faltaban espacio, medios, tiempo y experiencia ... aunque era su única oportunidad de sobrevivir...

 

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Estaba desbordada ...

 

Los primeros días fueron un caos… los primeros meses un desafío…

 

Tardó meses en dejarse tocar más allá de la cabeza y otros más en aceptar llevar una braga pañal... pero con infinita paciencia y amor fuimos capaces de aprender el uno del otro y crear muy lentamente una rutina aceptable.

 

No digo que sea fácil, un gato con necesidades especiales es un gato con necesidades especiales, que no entiendan de "estoy cansada", "tengo lumbago", fines de semana, vacaciones y demás…

 

Y lo reconozco, hay días que me agobio. Terminar de limpiar suelo y muebles de su cocina por enésimavez y tener justo que empezar de nuevo, sentarme medio minuto y se haya arrancado su pantaloncito o la caca rebosa y llena la colcha, mi ropa y

más…

 

Pero entonces le miro a los ojos - y todo eso ya no importa.

 

Leo es feliz … ignorante de su condición especial. Y gracias a los caprichos del destino con total movilidad. Ha superado su miedo a casi todo y es uno de los gatos más pesadamente cariñosos que conozco.

 

Quizás eso y una especial afinidad conmigo hizo que justo 2 días después de la trágica muerte de Miga empezara con obstrucción urinaria. Mi gato asustón, que hasta ahora fue imposible llevar al veterinario, terminó en los siguientes meses a acostumbrarse a todo el personal de la clínica, del hospital, a las idas y venidas de consultas, urgencias e ingresos - aunque todo ello no nos evitó finalmente la uretrostomía.

 

El que se arrancó la campana, el catéter y montó un espectáculo digno de un gato montés para que fuera a recogerlo en la clínica para poder comer hierba de gatos y vomitar una enorme bola de pelo, sobrellevó con dignidad felina más de 3 semanas de postoperatorio, sin tocarse la campana.

 

Queda claro quién lleva los pantaloncillos en la casa.

 

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